La Ópera Garnier que, también es conocida como Palacio Garnier u Ópera de Paris, es uno de los monumentos o edificios más importantes que debemos visitar, en nuestro viaje a la ciudad de París. La encontramos en el IX Distrito de la ciudad y, con los años, se ha convertido en una pieza muy reconocida en todo el paisaje de la ciudad. El edificio fue construido por orden de Napoleón III, que se lo encargó al arquitecto Charles Garnier, quién lo creó basándose en el estilo neobarroco. Se inauguró, de manera oficial, en 1875 y, desde ese momento, se le conoce como Academia Nacional de la Música- Teatro de la Ópera. En 1978, su nombre cambió al de Teatro Nacional de la Ópera de París. Pero, a pesar de los numerosos cambios de nombre o cambios en el empleo de sus instalaciones, los ciudadanos siguen conociéndola como la Ópera de París.
El teatro ocupa un lugar prioritario en la historia de París, por que en él y en sus cuevas subterráneas, por ejemplo, Gastón Leroux situó la acción de su famosa novela “El fantasma de la ópera”, que luego se convirtió en el famoso musical, que fue la inspiración de distintas películas. También, fue la inspiración del Teatro Nacional de Río de Janeiro o el “Teatro del fantasma” en el Hotel Venecia de Las Vegas. Sus dimensiones son espectaculares; pues, mide unos 11.000 metros cuadrados, tiene una capacidad para 2200 personas y, en su escenario puede estar hasta 450 artistas. Es un edificio muy llamativo, con sus frisos de múltiples colores, que se han creado en mármol. Múltiples columnas y estatuas muy lujosas -muchas de estas representan a deidades de la mitología griega-. Incluso, en la fachada frontal del edificio, nos encontramos con bustos de Beethoven y Mozart. En el interior, nos encontramos con preciosos adornos de terciopelo, ninfas, querubines… o la lámpara de araña, del auditorio central, que pesa 6 toneladas.
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